Los expertos recomiendan implementar intervenciones
dirigidas a reducir el riesgo entre la minoría de estos pacientes que
continúan manteniendo tales conductas
Miguel Vázquez - 09/11/2012
El comienzo de la terapia
antirretroviral
está relacionado con la reducción de las prácticas de riesgo sexual y
de inyección entre los usuarios de drogas inyectables (UDI) con VIH,
según concluye un estudio de EE UU publicado en la edición digital de la
revista
AIDS, que registró una reducción de hasta el 75% en
el número de relaciones sexuales sin protección, mientras que las
prácticas de inyección no seguras se redujeron en un tercio. Estas
observaciones, procedentes de un ensayo estadounidense, desmienten la
creencia de que el inicio del tratamiento anti-VIH implique una mayor
tasa de conductas de riesgo entre los usuarios de drogas inyectables en
general.
Actualmente, se sabe que la terapia antirretroviral de gran actividad (
TARGA)
no solo mejora el pronóstico del paciente, sino que reduce el riesgo
de transmisión del VIH a terceras personas (véase el artículo
Tratamiento como Prevención del VIH de
Lo+Positivo 45).
Sin embargo, existen ciertas dudas acerca de si estos beneficios
podrían verse menoscabados en ocasiones por un aumento de las prácticas
poco seguras en las relaciones sexuales o las prácticas de inyección
de drogas (lo que se conoce como comportamientos de “compensación de
riesgo”), ya que los estudios que atendieron estos temas habían
arrojado unos resultados contradictorios.
El equipo de investigadores realizó el seguimiento de la actividad
sexual y el comportamiento de inyección de drogas (tanto en el año
anterior al inicio de la terapia antirretroviral como en los cinco años
posteriores) de 362 personas con VIH con un historial de uso de drogas
inyectables en Baltimore (EE UU).
El 71% de los participantes
eran hombres y el 95%, de origen afroamericano. En el año anterior al
comienzo del tratamiento antirretroviral, el 67% declaró haber tenido
algún tipo de relación sexual, un 48% practicó sexo sin protección, el
61% consumió drogas inyectables y algo más de la cuarta parte (27%)
afirmó haber compartido el material de inyección.
En general,
el inicio de la terapia
antirretroviral estuvo acompañado por un descenso de las conductas de
riesgo y no se encontraron indicios que apuntasen a que se produjeran
comportamientos de compensación de riesgo. La proporción de
participantes que comunicaron algún tipo de relación sexual pasó del
67% al 48%, el sexo sin protección del 48 al 17% y el uso de drogas
inyectables, del 61 al 24%. Por su parte, la práctica de compartir
material de inyección se redujo del 27 al 16%.
Entre los UDI que siguieron siendo sexualmente activos, se apreció
un descenso significativo de las tasas de sexo sin protección tras el
comienzo de la TARGA. Así, una vez considerados los posibles factores
de confusión, el equipo de investigadores determinó que el inicio del
tratamiento anti-VIH redujo en un 75% el número de prácticas sexuales
sin protección (cociente de probabilidad ajustado [CPA]: 0,25;
intervalo de confianza
del 95% [IC95%]: 0,19 - 0,32). En cuanto a la probabilidad de consumo
de drogas inyectables, descendió en un 38% (CPA: 0,62; IC95%: 0,51 -
0,75). Estas reducciones en los comportamientos de riesgo se
mantuvieron en el transcurso de hasta cinco años tras el inicio del
tratamiento.
No obstante,
entre el
subgrupo compuesto por el 16% de los participantes que siguieron
compartiendo el material de inyección tras el comienzo de la terapia,
el riesgo de compartir el material de inyección se duplicó
(CPA: 1,99; IC95%: 1,57 - 2,52), sin que se advirtiera un descenso de
este riesgo tras más de cinco años de seguimiento. A juicio de los
investigadores, esto implica que en una minoría de UDI que no son
capaces de abstenerse del consumo de drogas, el inicio del tratamiento
antirretroviral podría suponer un cambio hacia prácticas de inyección
más arriesgadas.
El equipo de investigadores también estudió los factores
relacionados con la continuación del comportamiento de riesgo tras el
inicio de la terapia y comprobó que estuvo relacionado con unas
prácticas de riesgo habituales en el año anterior al tratamiento (CP:
3,35; IC95%: 1,87 - 5,95). Del mismo modo, el consumo de drogas
inyectables en el año anterior al tratamiento se relacionó con un
riesgo once veces mayor de consumo de drogas durante la terapia (CP:
10,9; IC95%: 6,58 - 17,8). El hecho de compartir material de inyección
el año antes de empezar el tratamiento aumentó en más del doble el
riesgo de que posteriormente se compartiera el material de inyección
(CP: 2,55; IC95%: 1,70 - 3,83).
Los responsables del estudio señalan que sus hallazgos difirieron de
los observados en otros estudios realizados en otras ciudades, donde
no se registró ningún aumento en los comportamientos de riesgo de
inyección. Y destacan que los resultados respaldan la visión optimista
de que, entre la población de UDI, es poco probable que se produzca
compensación de riesgo tras el inicio de la terapia antirretroviral,
con la salvedad de una pequeña minoría de usuarios activos que pueden
ser más propensos a compartir el material de inyección tras el comienzo
del tratamiento.
En este sentido,
consideran
que puede ser adecuado efectuar intervenciones sobre reducción de
riesgo dirigidas a personas con un comportamiento de alto riesgo poco
después de iniciar la TARGA.
Fuente:
Aidsmap.
Referencia: Fu T-C, et al. Changes
on sexual and drug-related risk behavior following antiretroviral
therapy initiation among HIV-infected injection drug users.AIDS 26, online edition. DOI: 10.1097/QAD.0b013e32835ad438, 2012.
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